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Revista Espíritu Sanmarqueño

Los profesores formados en Escuelas Normales Rurales compartimos convicciones que definen nuestras identidades, a la mayoría nos resultan cercanas ciertas ideologías, utopías, rituales, alegorías, símbolos y mitos; estos sirven para ubicarnos en el mundo, para modelar comportamientos, conductas y estilos de vida. Incorporarnos al internado para hacernos maestros nos hizo aprender participando de una forma de vivir, ese proceso dejó en nosotros huellas imborrables y nos dotó de un bagaje común, más allá de individualidades o condicionamientos espacio-temporales. Abrevar de San Marcos significó participar de un proyecto cultural, educativo y político cuyo origen se funde en las aspiraciones justicieras del pueblo mexicano, la historia nuestra está plagada de heroicos episodios y combates para la búsqueda del bien común, la Normal Rural es producto de esas luchas. En nuestra escuela, no obstante la singularidad de cada uno, fuimos influidos por opiniones incorporadas al imaginario normalista a lo largo de más de ocho décadas, desde él los sanmarqueños definimos la relación con nosotros mismos y los vínculos con los demás. La Escuela Normal nos enseñó a amar la libertad y a luchar por ella. Ahí entendimos la importancia del saber, quedamos ciertos de que la moral de esclavos se ancla en la ignorancia y el fanatismo; haciendo uso de nuestra libertad desde tiempos juveniles tuvimos que responsabilizarnos de nuestros actos y de la construcción de nuestras vidas sin vigilancias mojigatas ni autoritarismos. En un entorno social dominado por ideologías vigilantes de mentes y cuerpos nos mantuvimos a salvo de los censores usando como escudo la ética del trabajo, ésta, junto al estudio y la lucha, fue la base de una San Marcos tomamos conciencia que nada hay más ajeno a la esencia de un educador que la dependencia, la dejadez y la pereza. En las entrañas del Alma Mater encontramos el significado profundo del oficio de enseñar. Todo lo que rodea a San Marcos se relaciona con la escuela pública, no hay duda de que en ella fincamos todavía nuestros anhelos y esperanzas. Desde sus orígenes los educadores rurales mexicanos concibieron la educación como un proceso que trasciende las aulas, para nosotros hacer comunidad y educar sin abstraernos de los problemas del mundo ha resultado natural, nada de lo que afecta a las personas y comunidades en que trabajamos nos es ajeno. Los anteriores componentes forman parte del ideario educativo sanmarqueño, en él se incluyen la formación de ciudadanos libres. La práctica de la democracia en todos los ámbitos de la vida es nuestro dispositivo didáctico, la defensa y el respeto de los otros, la reivindicación de sus derechos, es elemento fundamental en nuestra forma de ser maestros, le hemos dado sentido con nuestros hechos, no a través de retóricas vicarias. Reivindicar el proyecto educativo encarnado en la Normal Rural de San Marcos es para nosotros importante y es uno de los propósitos de la Asociación Nacional de Exalumnos “Emiliano Zapata”. Por esta razón decidimos publicar Espíritu Sanmarqueño, un esfuerzo editorial orientado a divulgar el pensamiento, la obra, las aspiraciones y sueños de profesores que nos sentimos satisfechos de nuestro oficio. La educación es, como escribió Hannah Arendt, “el punto en que decidimos si amamos al mundo lo suficiente para asumir una responsabilidad por él”. Los sanmarqueños hemos dejado testimonios de nuestro compromiso con el pueblo mexicano, la obra que hemos construido entre muchos habla bien de nuestra escuela Normal Rural y sirve para mostrar (nos) las razones del profundo orgullo identitario que miles de sanmarqueños mantenemos. ¡Larga vida a la Normal Rural de San Marcos!

REVISTA ESPÍRITU SANMARQUEÑO
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